Ira, rabia, odio son una de las mayores razones que nos crean dificultades en nuestras relaciones, bien sea porque la abocamos a los demás o porque la reprimimos y quedan en nuestro interior.

Pero pocas veces en consulta una persona dice que el motivo de su terapia es por la ira que siente.  Y cabe preguntarse ¿cómo es posible que siendo uno de los mayores motores que está destruyendo al mundo no seamos conscientes de la necesidad de transformarla y sanarla? Y no me refiero a las guerras declaradas oficialmente, sino a las pequeñas pero devastadoras guerras cotidianas que libramos día a día a día con nuestra pareja, hijos, jefes y vecinos.

Sencillamente porque tenemos mil y un mecanismos para esconderla, disfrazarla, repudiarla, reprimirla y llevarla a lo más profundo de nuestro inconsciente.

Podemos afirmar que la ira es una emoción que tiene una energía muy poderosa que nos empuja a actuar y que aparece cuando algo nos frusta, no podemos conseguir lo que queremos o necesitamos y especialmente cuando algo nos duele, ya sea a nivel físico o afectivo y, aunque no sea tan evidente, cuando tenemos miedo.

Diferencia entre ira y resentimiento

La rabia es “caliente” y explosiva. Si nos dejamos llevar por ella actuamos al momento.

El resentimiento por su parte, es una rabia que se ha enfriado y cronificado por no haberse expresado y que va dando vueltas y mas vueltas dentro de la persona sin manifestarse abiertamente, de ahí el término “re-sentimiento: volver a sentir lo mismo una y otra vez.

Una persona resentida puede guardar sus ira durante años y recordarle a la persona que se la produjo, una y otra vez y con amargura lo mucho que sufre. Pero también puede ir por la puerta de atrás y encontrar la forma de herirla indirectamente y sin abordar la verdadera causa y expresión de sus sentimientos. El resentimiento es negruzco, como si se tratara de lava volcánica ya enfriada.

Esta respuesta emocional genera toda una serie de sustancias químicas en nuestro organismo – adrenalina – que dota de una fuerza muy poderosa a nuestros músculos para poder dar respuesta a lo que está sucediendo. Si actuamos y descargamos la energía el organismo vuelve a su estado normal inmediatamente. En caso contrario, la energía queda estancada y todas las sustancias vertidas en la sangre – hormonas – siguen circulando en el torrente sanguíneo sin encontrar una salida, lo que produce una intoxicación más o menos importante en el cuerpo. Y no olvidemos que una célula intoxicada de forma importante y continiuada no puede sobrevivir, por tanto los órganos y el correcto funcionamiento de niuestro cuerpo se verá afectado y aparecerá la enfermedad como respuesta al desequilibrio.

Dependiendo de la frecuencia con que suceda y su intensidad, podrá llegar a afectar al sistema hepático-biliar y como consecuencia al sistema digestivo. Alterará también el sistema  nervioso teniendo repercusiones en la piel, como por ejemplo erupciones. Esto no significa que todas las erupciones se puedan deber a la ira contenida, solo es una de sus causas.

Cómo hacemos para no sentir rabia

Pues una forma muy efectiva es cubrirla con una máscara de “yo no siento rabia”, que funcionará más o menos bien durante un tiempo, pero como decía anteriormente, la energía de la ira es demasiado poderosa como para conformarse con permanecer tras una cortina, porque literalmente creamos una cortina energética con la cual tapamos nuestras emociones hacia los demás, pero también hacia nosotros mismos.

Otro mecanismo, también muy efectivo para encubrirla, es caer en un estado de indiferencia, apatía o resignación que nos evita sufrir por tener que afrontarla. Esta es la parte buena, pero también hay una mala y es que la vida se nos pasa, como si la viviéramos detrás de una ventana sin implicarnos en ella.

Otra forma de evitarla es a través de “deprimir” la emoción de la ira hasta caer en un pozo profundo de tristeza o depresión. Así no solamente dejaremos de sentirla, sino que dejaremos de sentir a nivel general, a niveles extremos es como una muerte emocional en vida.    

La venganza se sirve fría

Y por último, el resentimiento, una ira no expresada y enfriada, a través de la cual iremos liberando poco a poco ese enfado mayúsculo a pequeñas dosis a través de la venganza y de echar en cara continuamente todo lo que los demás nos hacen sufrir.

Todos estos mecanismos tienen una intención muy positiva, lo cual no significa que sea positiva, pero si lo que se quiere conseguir: no afrontar el profundo miedo que nos producen nuestras emociones que consideramos feas e incorrectas. Pero también hay un sentimiento opuesto: la culpa que ya se encarga de hacernos saber que si vomitamos toda la rabia almacenada, quizás durante años, va ser peor el remedio que la enfermedad porque creemos que será devastadora, y nos sentiremos culpables.

¡Pues vaya lio, verdad!

Si, por eso caemos en pozos de ansiedad o angustia profunda porque malo si vamos por el camino de la ira y peor si lo hacemos por el de la culpa.

¿Cómo salimos de este embrollo?

Quizás parezca muy difícil, pero no lo es tanto.

El primer paso es comprender la o las razones por las cuales sentimos ira, ver en qué medida se ha podido crear porque  nos hayan dañado, sea que se haya producido hace dos días o quizás tenga relación con mi más tierna infancia por hechos vividos que ni tan siquiera recuerdo conscientemente, con la úica intención de sanar las heridas y por tanto la ira.

Tan importante como este punto es darse cuenta si mi ira tiene relación con lo que acaba de suceder o quizás es producto de actitudes que he de transformar y que me impiden ver la realidad porque estoy viviendo en una que ocurrió en el pasado, sin que me cuenta de ello y no se distinguir entre lo que pasa y lo que pasó.

El segundo paso será respetar y acoger mis emociones, incluso las que no me gustan y darme cuenta que todas tienen una función positiva, incluso la ira. Por tanto nos quedaremos la con función positiva y transformaremos la que no lo es.

Esto nos permitirá sanar el dolor del pasado para así utilizar la ira y el enfado como la energía que nos sacará de la depresión y pasividad frente a la vida.

Y esto es precisamente uno de los temas más importante que abordamos dentro de la Psicoterapia Integrativa.

Espero que todo lo expuesto te pueda ser útil para comprenderte mejor. Y si necesitas más información sobre cómo te puede ayudar a ti concretamente, puedes llamarme para una primera sesión, que es gratuita y nos tomaremos un tiempo para hablar de ello.

Un abrazo y hasta la próxima.

Montserrat Chando – Psicoterapeuta

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