A veces hay personas que acuden a terapia, que en un momento u otro de su vida se han hecho esta pregunta: “¿Y si yo hubiera sufrido abusos en mi infancia? Otras, nunca se la han llegado a hacer, pero han tenido sueños, imágenes, o incluso sensaciones físicas, como instantáneas. Otras, solo conviven con bloqueos físicos o emocionales, sin poder nunca relacionarlos con posibles abusos.

La respuesta que surge inmediatamente, es que no puede ser, porque necesariamente habría algún recuerdo de un hecho tan traumático. Pero la realidad es otra, puesto que, afortunadamente las personas tenemos una fuerza de supervivencia muy importante, que hace que todas las vivencias que han sido muy dolorosas y traumáticas para nosotras queden relegadas a un nivel inconsciente, así podemos ir más o menos “tirando”, como solemos decir.

Desgraciadamente, muchos de los abusos infantiles ocurren dentro de la familia y por parte de familiares muy cercanos, como padre, abuelo  incluso hermano, que presionan, amenazan e incluso manipulan al niño para que no pueda contar a nadie lo que está pasando. Esto, junto a la vergüenza y el miedo a que no le crean, hace que el niño, en un momento u otro relegue todas esas vivencias al cofre profundo del inconsciente y tire la llave al mar, puesto que es la única forma, mal que bien, de sobrevivir a tanto  terror, dolor y humillación.

Pero, aun así, el cuerpo hablará con síntomas físicos que pueden no ser interpretados correctamente: nerviosismo, erupciones, eccemas, reglas dolorosas, dificultades, o incluso imposibilidad de mantener relaciones sexuales, como anorgasmia, impotencia, frigidez, o por el contrario, excesiva complacencia sexual hacia el otro llegando a rozar el sometimiento  o el morbo sexual, esto  solo por poner algún ejemplo, porque son muchísimos más los síntomas derivados.

 

 

A nivel emocional, los síntomas aparecen a través de angustia, ansiedad, miedo al contacto físico y sexual, asco o aversión a algo o alguien, sin una causa aparente y que se puede compensar con una excesiva necesidad de limpieza  lo que puede llevar a una “manía”, bien sea en el propio cuerpo, o de limpieza externa, que si llega ser muy importante se dignostica en psiquiatría como Trastorno obsesivo compulsivo -TOC-

Sea por esta causa o por cualquier otra, es importante tener en cuenta que no hay ninguna de lo que a veces llamamos despectivamente manías, que no tenga una base en alguna experiencia vivida.

Pueden aparecer la tristeza o depresión, la apatía, la ira contenida o descontrolada, y quizás la más destructiva, la culpa sexual puesto que el niño cuando es abusado, en el fondo sabe que “eso no está bien” y de una forma u otra piensa que, puesto que está haciendo algo que está mal de lo que no se puede hablar, él es malo por hacer cosas mal hechas. En su mente infantil no tiene otra forma de interpretar la realidad.

En ocasiones, encuentra formas de defenderse del dolor y la humillación, evadiéndose de la realidad y creando sus mundos maravillosos en su imaginación, o simplemente aislándose, emocional, pero también físicamente. Si añadimos las amenazas y manipulaciones del adulto, comprenderemos perfectamente que no cuente nada a nadie y que necesite olvidarlo lo más rápidamente posible.

Uno de los aspectos más importantes, es que cuando un niño ha sido abusado, el corazón y la autoestima quedan rotos en mil pedazos. Se necesitará todo el coraje, el amor por uno mismo, y un profundo deseo de sanar todas las cargas del pasado, para vivir, de una vez por todas, libre y feliz en el presente.

 

 

Puedo afirmar rotundamente, que es tanto lo que se puede ganar, es tanto lo que se puede florecer, que bien merece la pena encontrar esa llave perdida del cofre donde se guardaron todos los recuerdos y afrontar la realidad, para poder sanar todos y cada uno de los hechos dolorosos y traumáticos que se hayan podido vivir en la infancia.

 

Sanar a toda costa

 

Afortunadamente, contamos con muchas herramientas en terapia para poder hacerlo, especialmente cuando están integradas en la Psicoterapia Integrativa: la Terapia de Regresión nos facilitará el acceder al inconsciente, al tiempo que las Flores de Bach, serán como un bálsamo para el corazón roto y la Terapia Metamórfica  nos ayudará a disolver los bloqueos físicos y emocionales. Pero por encima de todo, la comprensión y apoyo profesional y humano que podemos ofrecer como terapeutas a todas las personas que, con una firme decisión, aunque no exenta de miedos, deciden recorrer el camino hacia la profunda y total sanación.

Si algo de todo lo expuesto te pudiera resonar de una forma u otra, puedes llamarme para una primera sesión, que es gratuita, para consultar lo que necesites o también dirgir tu consulta a: info@montserratchando.com

Montserrat Chando
Psicoterapeuta
685.890.497 Barcelona

 

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