Es curioso, por decir algo, que a las cosas que nos son más vitales e imprescindibles no les demos valor. ¿Un ejemplo? Pues el aire que respiramos, el agua que bebemos, la comida que comemos.

Muchas veces en las grandes ciudades, como Barcelona donde yo vivo, cuando llueve decimos que “hace un mal día” porque no somos conscientes que si no llueve los árboles se mueren, las plantas también y no florecerían, entonces no habría insectos y los pájaros morirían. ¡Qué sería de Barcelona sin nuestros árboles y pájaros!, porque no es solamente por el enorme placer de oírlos cada día, sino que diariamente engullen tal cantidad de insectos que, si no vinieran todos los años, serian ellos que los nos engullirían a nosotros. Sin insectos las planta no se polinizan y no habría semillas y sin semillas no hay comida, si no hay comida…

Y es gracias a los agricultores que podemos comer cada día, pero desgraciadamente es una de las profesiones más duras y mal pagadas que hay. ¿Les damos el valor que tienen? ¿Por qué hay profesiones que, si desaparecieran no solamente no pasaría absolutamente nada, sino que muchos saldríamos beneficiados y en cambio las profesiónes más esencial para que las personas podamos vivir está tan infravalorada? ¿Dónde ponemos nuestra aprecio y agradecimiento?

 

dos manos trasplantan planta tomatera

 

No solamente la Naturaleza nos da todo lo que necesitamos para comer, también lo hace cuando enfermamos. Para cada dolencia podemos beneficiarnos de un alimento, de una planta medicinal, del agua, del barro, el sol y de aire ¡incluso de venenos que se diluyen homeopáticamente!

También todas y cada una de las dolencias emocionales hallan un remedio  en ella a través de las Flores de Bach. Emociones como la depresión, soledad, irritabilidad y los miedos, son sólo ejemplos de cómo  pueden equilibrarlas y sanarlas con sus vibraciones.

Flor de Agrimony utilizada en el sisema floral de Bach                                   Flor de Agrimony, utilizada en el Sistema Floral de Bach para tratar la ansiedad

 

¿Confiamos en ella?

 

No solamente deberíamos preguntarnos si confiamos en ella, sino si confiamos también en la sabiduría de nuestra propia naturaleza que busca por mil caminos sanarnos. Los seres humanos tenemos una capacidad inmensa de encontrar siempre el equilibrio, tanto a nivel físico como emocional, cuando se produce la enfermedad, lo único que hemos de hacer es entender el lenguaje que utiliza, rectificar y seguir sus reglas.

Pongo un ejemplo, cuando debido a una incorrecta alimentación y al estrés, la sangre tiene un grado de acidez que puede poner en peligro la vida, un duendecillo se encarga de “robar” de los huesos el material alcalinizante para neutralizarla, si perdura puede llegar a producirse descalcificación, osteoporosis y caries pero con estas enfermedades podemos más o menos vivir, con la sangre ácida no.

Otro ejemplo a nivel emocional es cuando aparece la ansiedad o la angustia, que son como la luz intermitente del coche que nos indica que falta gasolina, estas emociones nos están indicando que hay algo en nuestro interior que necesitamos mirar, acoger y resolver, de no hacerlo pueden derivar en una depresión por no poder sostener ya más el estado de angustia -a veces incluso se alternan una y otra -. A veces, lo que llamamos alergias o intolerancias, no son más que un drenaje a nivel físico de las emociones que están reprimidas, inconscientes o ignoradas  y que, de no hacerlo así podrían desencadenar en un desequilibrio físico o incluso enfermedad, mucho peor que una alergia.

¡A esto le llamo yo perfección! El diseño de la Naturaleza es perfecto, únicamente necesitamos entender su lenguaje y la forma que tiene de encontrar siempre el equilibrio. Si con cada enfermedad o cada desastre que pasa en el Tierra nos preguntáramos qué estamos haciendo mal, estoy segura que encontraríamos la respuesta adecuada.

Y quiero acabar con esta pregunta para que cada uno de nosotros la pueda responder:
¿La cuidamos y respetamos de la misma forma que ella lo hace con nosotros? Porque si no lo hacemos estamos serrando la rama del árbol en la cual estamos sentados.

Un abrazo y feliz Semana Santa

Montserrat Chando
Psicoterapeuta
685.890.497 Barcelona

                                               Ver Psicoterapia Integrativa

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