“¿Por qué reabrir y revivir el dolor del pasado si ya a nivel físico los órganos drenan esas emociones?”

“¿No hay que olvidar para poder vivir en paz?”

“Me ha costado mucho olvidar y si vuelvo a recordar ¿no me quedaré atrapado en el pasado?”

Estas tres preguntas son una síntesis de las muchas que habéis enviado sobre este tema y que voy a tratar de dar respuesta. Por otra parte nada diferente de las que surgen a lo largo de una terapia, a veces con enfado, cuando se propone reabrir el pasado para sanar el presente.

Y yo de verdad que entiendo que se hagan, incluso que se crea absurdo hacer lo contrario.

Entonces, ¿por qué hacerlo?

Voy a tratar de dar respuesta a estas tres cuestiones.

 

¿Por qué reabrir y revivir el dolor del pasado después de tantos años si ya a nivel físico los órganos drenan esas emociones?

 

 

 

 

Esta es una pregunta muy interesante que habéis planteado muchos de vosotros. Es cierto que las emociones no sanadas se drenan, afortunadamente para nuestra psique, a nivel físico, pero dejadme que os ponga un ejemplo: imaginemos que en un pueblecito idílico en plena naturaleza se instala una fábrica muy contaminante que emite y aboca los desechos tóxicos al río. Y ahora la población, que no tienen ninguna responsabilidad ni se beneficia en nada de las ganancias de la empresa, ha de gastar ingentes cantidades de tiempo, energía y dinero en eliminarlos con el riesgo de entrar en contacto directo con esas sustancias y que el cuerpo llegue a enfermar.

Al mismo tiempo todo el hábitat del mismo se ve afectado, porque por mucho que se trabaje día y noche para eliminar los tóxicos éstos se generan constantemente, además siempre hay algunos que persisten, con todas las consecuencias para la población. Triste realidad que vivimos en nuestra sociedad: quien contamina se enriquece y no se responsabiliza de nada.

Así las cosas, tenemos a una población exhausta porque ha de trabajar día y noche, empobrecida por todo el dinero que ha de dedicar para la eliminación de tóxicos y a la vez expuesta a ellos para poder hacerlo y sin poder eliminarlos del todo porque muchos se cuelan.

Claro está que es mucho mejor eliminarlos que dejarlos ahí. ¿Pero no sería mucho más útil y práctico ir ha hablar con los responsables de la empresa que los está generando, explicarles las consecuencias que están teniendo sus vertidos y hallar una forma de fabricar que sea totalmente ecológica y respetuosa con el medio y las personas? Porque la fábrica y los fabricantes son los únicos responsables, lo demás son parches, necesarios por ahora, pero parches.

Lo mismo ocurre con nuestras emociones, si no las sanamos en el origen, o sea, en el momento que sucedieron, llegarán a intoxicar nuestro cuerpo y está bien que hagamos terapias físicas o energéticas para cuidarlo, pero las emociones nunca se sanarán cuidando solo el cuerpo, ha de haber un cambio interior y una de las formas más rápidas de hacerlo, aunque sea doloroso, es entrar en contacto con los hechos y las personas que las provocaron.

 

¿Y cómo lo podemos hacer?

Volviendo, por ejemplo a ser otra vez ese niño o niña que un día fue dañado, porque como adultos y a través de la inmensa capacidad de sanación que reside en nuestro interior, podemos acogerlo, desincrustarlo y sanarlo.

Y no solamente esto, sino que al hacerlo nos va a permitir comprender el por qué y el para qué todo lo que hemos hecho y sentido, con nosotros mismos y en nuestras relaciones a lo largo de nuestra vida.

Creo sinceramente que, si no hay una comprensión de nuestra realidad emocional y mental, no puede haber un cambio profundo y duradero. La prueba es que cuando se da, la transformación de la persona es radical.

 

 

¿No hay que olvidar para poder vivir en el presente? Me ha costado mucho olvidar y si vuelvo a recordar ¿no me quedaré atrapado en el pasado?

 

 

 

 

Pero están los miedos, ¿y quién no los tiene? El miedo principal, aunque no seamos conscientes, es a no sentirnos capaces de sanar y creer que caeremos en el pozo profundo de la tristeza y el dolor y nos quedaremos atrapados en el pasado, sin darnos cuenta que ya lo estamos y desde hace ya muchos años, aunque muchas veces sea a nivel inconsciente. Pero, como he afirmado muchas veces, por el hecho de que sea inconsciente no deja de afectarnos, sino todo lo contrario.

¡Cuántas enfermedades nos evitaríamos si fuéramos a hablar con el propietario de nuestra fábrica interna que genera todos los residuos tóxicos y se hiciera responsable de ellos!

Hay otra realidad de la que no somos muy conscientes y es que para las emociones no pasa el tiempo. Muchísimas personas se sorprenden enormemente cuando al revivir hechos de la infancia, incluso en la nacimiento o la gestación, de hace 20, 30 o 40 años, las emociones brotan con la misma intensidad que cuando se produjeron. Insisto que este hecho es el que nos permite sanarlas, nunca negarlas o querer olvidarlas.

Cuando podemos recordar el pasado desde la serenidad es porque ya lo hemos sanado y además nos hemos ocnvertido en una persona más fuerte y sabia. Es entonces cuando podemos vivir plenamente en el presente libres de los condicionantes y cargas del ayer.

Espero que todo esto os pueda ser útil y cualquier duda que os pueda surgir al respecto podeís escribirme o llamarme.

Un fuerte abrazo y hasta la próxima.

Montserrat Chando
Psicoterapeuta

                                                                  Ver Psicoterapia Integrativa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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