Quizás estemos ya hartos de que nuestros miedos nos bloqueen, no nos dejen avanzar, nos impidan conseguir lo que deseamos y de luchar contra ellos. ¡Claro todos lo estamos! Miedo a volar, a hablar en público, a la sexualidad, a la oscuridad, a fracasar, a los hombres o a las mujeres, a los animales ¡hasta miedo a ser feliz, miedo a vivir…! pueden llegar a ser infinitos. Así que, ¡debo luchar con mis miedos!

 

Luchar vs aceptar

Pero el miedo surge de una parte de nosotros mismos y si luchamos contra ella, no nos estaremos comprendiendo y a la vez se va a producir un desgaste emocional y energetico muy grande. Muy posiblemente la parte que lo siente puede ser el niño o la niña al que nunca nadie se sentó junto a él y le preguntaron cómo se sentía, o peor le dijeron con la mejor de las buenas intenciones: “no has de tener miedo, hay que ser valiente” o “ves? no pasa nada”. ¿Claro, suena lógico, pero entonces, nos dejamos dominar por el miedo?

Os propongo  que primero de todo dejemos de luchar contra él y lo aceptemos, para después poder entender las causas del por qué está ahí y nos preguntemos a qué en realidad tenemos miedo, qué hemos podido vivir y cómo nos afectó. Así, cuando entendamos su verdadera dimensión podremos acoger a esa parte de nosotros mismos y acompañarla en el proceso de sanar, sin luchas y con comprensión.

¿Puede haber una causa en todo miedo aunque sea totalmente irracional?

 

Si. Eso significa que a lo largo de nuestra vida hemos vivido diferentes acontecimientos que los han generado y dejado una huella. Poco importa si ese miedo se produjo cuando teníamos 2 o 22 años, o cuando acabábamos de nacer, puesto que las emociones que han causado un impacto son atemporales, especialmente las vividas en la infancia cuando no se cuenta con la capacidad de comprender lo que está pasando y sanarlas, ni el entorno sabe ni puede comprender cómo el niño vive internamente los acontecimientos.

Imaginemos por ejemplo una persona que tiene miedo a hablar en público  y descubre un hecho ya olvidado de la escuela, cuando el profesor y todos los niños de la clase se rieron de él porque se había equivocado en la pizarra y estuvo expuesto e indefenso a todas las miradas y burlas. Es tan grande el impacto emocional de vergüenza y miedo al ridículo, que guardará la memoria para toda su vida, creyendo que cualquier episodio que pueda vivir que se pueda parecer, aunque sea mínimamente, volverá a ocurrir lo mismo. No importan los pensamientos lógicos, coherentes y adultos, si las emociones del miedo y vergüenza del niño que fue todavía siguen intactas como el primer día que las vivió.

 

Ya no es tiempo de lucha, sino de diálogo y entendimiento.

 

Afortunadamente existen muchos recursos terapéuticos para poder abordarlos y sanarlos, bien sea que la causa esté a un nivel consciente o inconsciente. En este caso la Terapia de Regresión será una buena ayuda para hallar el origen en el pasado, tanto más si apoyamos el proceso con las Flores de Bach e iniciamos un diálogo con las dos partes enfrentadas y en guerra a través del Psicodrama, para que puedan comprenderse mútuamente, respetarse, llegar a acuerdos y avanzar en la misma dirección.

Si hay algún miedo en tu vida que no te permite avanzar, te invito a llamarme para una sesión informativa gratuita y te orientaré sobre cómo puedes vencer y sanar cualquier miedo que pueda estar deteniendo tu vida.

Montserrat
Psicoterapéuta
685.890.497 Barcelona

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