Hallar las causas del fracaso escolar

De las muchas personas que he acompañado a lo largo de todos estos años en el proceso de sanar los abusos sexuales en la infancia, en un tanto por ciento muy elevado han sufrido lo que hoy se ha etiquetado y a veces encorsetado y limitado, como déficit de atención, o sea, el niño o la niña no atendía en clase, estaba en las nubes, se distraía con mucha facilidad e incluso parecía que viviera en otro mundo.

Se les consideraba que tenían poca capacidad intelectual, incluso se les decía que eran tontos o vagos, y ellos acabaron creyendo que lo eran de verdad, con todas las consecuencias de sentimiento de poca valía e incluso de inferioridad, pero nadie supo ver en ellos lo que en realidad estaba pasando. De nada le sirven al niño, en el mejor de los casos, los buenos consejos, en el peor, los castigos, el desprecio o lo más grave, que se le medique pensando que es una deficiencia química, él seguirá con su drama interno. Muchos de ellos fueron a engrosar las estadísticas del “fracaso escolar”.

Cuando un niño es abusado, especialmente cuando éstos son continuados y dentro de la familia o entorno de confianza, todo su mundo interior, literalmente, se rompe en mil pedazos por el gran impacto tanto físico como emocional que significa vivir un trauma de esta magnitud, no solamente vive en un constante terror y angustia hacia los propios abusos, sino también por las muchas amenazas físicas y verbales por parte del abusador.

A nivel físico el terror y la angustia continuada pueden llegar y de hecho lo hacen, a bloquear todo el sistema nervioso y la función del cerebro de asimilar e integrar los conocimientos. Pero hay otra realidad menos conocida y es la energética. Cuando hay un sufrimiento profundo producido por un trauma, uno de los mecanismos que tenemos para sobrevivir, es abandonar en una medida u otra el cuerpo físico, hay un desplazamiento energético, para no sentir el dolor ni física ni emocionalmente, la consecuencia es una disociación entre el cuerpo y la persona. Esto muchas veces salva la vida en el momento que se está sufriendo, el problema se da cuando se cronifica y se vive de ésta forma toda la vida y en todos los ámbitos. Cuando esto pasa la persona ya adulta suele tener grandes lagunas de memoria, no hablamos de la primera infancia, cuando pocas personas guardan recuerdos, sino de recordar solo vivencias a partir de, por ejemplo, los 8 o 10 años.

Cuando una persona ha vivido este drama añadido y se decide a sanar las vivencias traumáticas de abusos sexuales, uno de los muchos premios que conquista a través de un proceso de terapia, es recuperar su confianza en ella misma al darse cuenta que no era tonta ni vaga, sino que nadie supo darse cuenta de qué es lo que le estaba pasando, desbloqueando así todo el complejo entramado de creencias y pensamientos internos y ver por sí misma quién y cómo es en realidad.

Hay personas que creen que el pasado ya no se puede cambiar, y sí es cierto que el pasado lineal no se puede cambiar, pero si el pasado emocional,  mental e incluso físico, que todavía vive en el niño o la niña que un día fuimos y que todos llevamos dentro, puede volver a sonreír. Como adultos podemos mirar hacia atrás y recordar los hechos con serenidad. Es posible. Es una necesidad del alma y del corazón.

Desde aquí animo a todas las personas que hayan vivido esta experiencia tan traumática, que reúnan fuerzas para poder abrir las puertas que todavía pudieran estar cerradas, sanar así las heridas de la infancia y poder vivir libres sin el peso del pasado.

Montserrat Chando
Psicoterapeuta
685-890.497  Barcelona

                                                                            Ver  Psicoterapia Integrativa

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