La diferencia entre haber sido «víctima de…» y «ser una víctima de…»

Cuando algo o alguien nos daña física o emocionalmente de una forma importante y que nos duele, real y objetivamente hemos sido víctimas, víctimas de un desastre natural, víctimas de maltratos, víctimas de estafas económicas, víctimas de infidelidades por parte de la pareja, víctimas de abusos… cierto y duele, a veces duele mucho.

Como todo dolor sufrido necesita ser llorado y expresado, incluso puede ser necesario hacer el duelo por la pérdida de quien creíamos que nos amaba y nos ha dañado o traicionado. Todo esto es imprescindible y forma parte del proceso antes de sanar las heridas y cada uno tiene su tiempo para hacerlo y necesita dárselo, a la vez que también el entorno necesita comprender que este proceso es totalmente necesario.

Porque la realidad es que se ha sido victima de lo sucedido. Si se ha sufrido a una edad temprana, cuando éramos niños, será más díficil que si lo hemos vivido como adultos porque no teníamos recursos para hacerlo, esto todos lo podemos comprender.

Y a partir de ahí, es cuando necesitamos comprender nuestro dolor, levantarnos, secar la lágrimas, comprender cómo nos ha afectado y a medida que vamos sanando las heridas, empezar a emprender un nuevo camino libre ya del dolor del pasado. Dicho así parece fácil, pero quien ha pasado por un proceso como este sabe que no lo es.


El problema vine cuando nos quedamos encallados en la primera fase que he descrito antes y todo se queda en lamentarse, convirtiendo la rabia por el dolor sufrido en resentimiento que nos hace revolcarnos una y otra vez en el lodo sin poder avanzar hacia la sanación. Es cuando caemos en las garras de la terrible enfermedad de la «victimitis»

Es como si al acabar de ver una película en el cine, cuando aparece el «fin» volviéramos a comprar la entrada para volver a verla una y otra vez. Es así cuando el virulento virus de la victimitis se apodera de nosotros y nos convertimos en «pobres víctimas impotentes»

No importa que la persona acuda a una terapia, incluso durante años, si no se afronta este peligroso virus la terapia no funcionará.

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Por eso frente a cualquier dificultad o experiencia traumática que hemos vivido a lo largo de nuestra vida, llega un momento que hemos de asumir nuestra responsablidad. Seguramente no la tuvimos cuando ocurrió el hecho, especialmente si éramos niños. Pero ahora si tenemos la responsabillidad de sanar y caminar libres del dolor.

Afortunadamente hoy día tenemos infinidad de antídotos. Uno son las Flores de Bach, específicamente la Flor de Willow nos ayudará a conectar con toda la fuerza y sabiduría interna que todos tenemos, vienen ya incorporadas de fábrica, para dejar el dolor e iniciar un nuevo camino. Aunque hemos de tener en cuenta que para que esta flor pueda actuar con todo su potencial de sanación, habremos de hacer un recorrido previo con otras flores y mucho mejor si es a través de un proceso de terapia.

Aunque siempre digo y repito: la terapia es opcional y es cierto que es mucho más fácil hacerlo de la mano de un terapeuta que sabe el camino, porque a veces en ese camino hay piedras muy grandes que a uno solo le cuesta mucho moverlas, esta ha sido mi experiencia personal, pero es una opción que cada uno debe elegir o no. Lo que si puedo afirmar es que sanar no lo es.

Un abrazo y hasta la próxima.

Montserrat Chando – Psicoterapeuta

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