Un dolor de cabeza puntual, aunque molesto, no es demasiado problema. Pero cuando se convierte en algo constante o periódico puede llegar a hacernos perder muchos días de nuestra vida. Vamos a ver cuál es una de las emociónes más recuentes que puede estar en el origen de un dolor de cabeza persistente, llegando incluso a la migraña.

Cuando ha habido episodios y relaciones en nuestra vida que nos han causado dolor, la emoción que surge como respuesta es la ira. Si somos capaces de expresarla con toda la intensidad con que la sentimos, todo vuelve a su sitio y no hay consecuencias físicas. Pero si no podemos hacerlo porque somos niños y no se nos permite, o si de adultos ya hemos interiorizado que no se puede expresar o incluso tenemos miedo de hacerlo, los músculos del cuello anterior y posterior, la mandíbula y los de la cabeza se contraen con fuerza, dando lugar a una gran tensión que desemboca en dolor de cabeza. En casos muy agudos al apretar fuertemente la mandíbula aparece también bruxismo por la noche (rechinar de dientes) llegando incluso a desgastarse las piezas dentales.

Pero aquí no acaba todo, puesto que, como ya he comentado en otros artículos, la emoción de la ira afecta al sistema hepato-biliar (vesícula e hígado) impidiendo que funcionen correctamente, con lo cual no se podrán realizar las funciones de desintoxicación (entre las muchísimas que tiene éste órgano tan importante) ni los ácidos grasos biliares podrán cumplir su función en la digestión.

Pues bien, haya una correlación directa entre un mal funcionamiento hepato-biliar con el dolor de cabeza y la Medicina Tradicional China lo sabe ya desde hace varios milenios, pues esas mismas toxinas llegarán a la cabeza provocando inflamación, que se sumará a la que ejercen los músculos contraídos por la contención de la cólera o ira.

Podemos recurrir a analgésicos, si no nos gustan podemos encontrar remedios más naturales, que los hay y muy efectivos, pero si no vamos directamente a la causa emocional estaremos toda la vida dependiendo de que algo externo nos cure, cuando en realidad tenemos la llave que puede hacerlo al sanar las emociones. De todas formas, cuando éstas ya han traspasado al cuerpo es importante hacer un tratamiento a nivel físico con el método que consideremos más oportuno.

Por tanto, si los dolores de cabeza aparecen con frecuencia y son intensos, podemos pararnos a sentir si puede haber una rabia o resentimiento no expresado, e incluso no reconocido y rechazado y qué situaciones o relaciones me lo están provocando. ¿Estoy quizás aceptando relaciones que no son positivas para mí? ¿Permito faltas al respeto? ¿Digo lo que pienso y siento en el momento oportuno y a la persona adecuada con la intensidad con que lo siento? En definitiva ¿me respeto a mi mismo o a mi misma?

¿O no…? Porque soy una persona educada, respetuosa y bien adaptada a la sociedad que dictamina que la ira no se puede expresar. ¡Como si fuéramos ángeles caídos del cielo que no sienten el dolor! Pero no, no lo somos, somos personas humanas que cuando nos sentimos heridas nos enfadamos, emoción tan humana como el amor o la alegría.

También hay una pregunta importante que deberíamos siempre respondernos al enfadarnos: ¿esta persona me ha dañado o yo he proyectado mis emociones internas hacia ella o hacia la situación? Porque volvemos a lo mismo, de nada sirve enfadarnos con una persona cuando el conflicto es interno.

¿Cómo diferenciar si es mi responsabilidad o es la suya?

Solo cuando miremos en nuestro interior y veamos si todavía hay ira y heridas que aún siguen vivas, nos responsabilicemos de ellas y las sanemos.

Es entonces cuando podremos darnos cuenta de si en realidad una persona o relación nos daña para poner límites, o por el contrario estamos proyectando emociones internas en ella que debemos sanar.

Y cuando por nosotros mismos no podamos o no sepamos cómo hacerlo, la Psicoterapia Integrativa es un excelente medio para conseguirlo.

Si quieres saber cómo te puede ayudar a ti, puedes llamarme para tener una primera sesión gratuita y tomarnos un tiempo para hablar de ello.

Montserrat Chando
Psicoterapeuta
685-890.497 Barcelona                                                 

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