Tensión muscular, mareos, fatiga, nerviosismo, insomnio, dificultades sexuales, dolores de espalda, acúfenos, tics nerviosos… todos estos son solo unos pocos de los muchos síntomas más comunes cuando existe un desequilibrio del sistema nervioso.

Él es el mensajero de las emociones. Si hay algo que vemos o vivimos que es agradable o divertido para nosotros, la mente registra el hecho y envía inmediatamente los impulsos al cerebro y éste al sistema nervioso, el cual recorre por entero nuestro cuerpo, poniendo en movimiento todos los músculos implicados para que aparezca la sonrisa o la carcajada. ¡Misión cumplida!

Pero también lo hace cuando hay acontecimientos que provocan miedo, ira, tristeza… y es cuando aparecen los síntomas físicos, de los que se mencionan algunos más arriba, solo unos pocos, porque hay tantos que no acabaria nunca . Las principales emociones, aunque también hay muchísimas más, responsables son la ansiedad, angustia, miedo, impaciencia, ira y rabia, sentimientos de soledad, inseguridad, auto exigencia, auto reproches, que tienen su máxima expresión en la culpa.

Lo importante es poder detectar cuales son las principales causas de los trastornos que podamos sufrir, para poder ir directamente al origen.

 

Algunas de las emociones que desequilibran el sistema nervioso

 

El miedo, especialmente cuando se convierte en terror o pánico, puede hacer que nos paralicemos o que todo nuestro el sistema nervioso llegue a descontrolarse. Cuando se cronifica puede llegar a afectar al sistema renal y al sistema digestivo, el cual no puede absorber correctamente los nutrientes.

La impaciencia crea tensión y estrés – de hecho es lo mismo una cosa que otra – vamos siempre acelerados y sufriendo tensiones en todo el cuerpo, a veces por el miedo a pararnos y entrar en contacto con las emociones que necesitan ser resueltas en nuestro interior. Si se cronifica o agudiza puede llegar la angustia.

 

 

La ira y el resentimiento, sobre todo cuando no nos permitimos expresarla libremente y la reprimimos, físicamente afecta a la zona hepato-biliar, creando a su vez trastornos digestivos, mareos, vómitos, migrañas, acúfenos (ruidos en los oídos) entre otros.

Cuando hay un importante volumen de ira reprimida durante mucho tiempo, el organismo puede llegar a liberarla, al menos en parte, a través de tics nerviosos o de episodios descontrolados de ira. Al mismo tiempo hay una rigidez en las cervicales y hombros, contrayéndose toda la parte anterior de la garganta– para que no salga – llegando a crear desgaste de los discos intervetebrales (una especie de cojines entre vértebra y vértebra para que no se rocen y desgasten). La misma presión hará que los nervios se inflamen y causen dolor. Es también muy habitual que en estos casos hayan mareos y dolor de cabeza más o menos importantes.

La intención de suprimir la ira, tiene también un mecanismo físico: bajar los depósitos de hierro (anémia ferropénica) llegando incluso a generar déficits o carencias más o menos importantes. que a su vez afectarán la calidad de la sangre. Cuando hay un déficit de hierro la oxigenación de la célula es defectuosa, por tanto también toda su metabolismo (nutrición y eliminación de tóxicos).

Esta emocion, cuando no sigue su curso natural de libre expresión, va creando un bucle dentro de nuestra mente, repitiéndose una y otra vez, como si tuviéramos un disco rayado que va repitiendo internamente lo que no se ha dicho con palabras. Esta forma de funcionar de la mente afecta al bazo, creando entre otras muchas cosas, más trastornos digestivos y una deficiente calidad de la sangre, incluida la anemia y también una deficiente memoria.

También la ira no expresada generará ansiedad, angustia y desasosiego, que pueden llegar a desembocar en una depresión.

La adicción al trabajo y enfocarse en metas únicamente materiales, creada a veces por el miedo a la carencia físia, no dejando un espacio para el descanso y el ocio que el cuerpo necesita, y sin alimentar a nuestra parte más lúdica y espiritual, hará también que nuestro sistema nervioso llegue a desequilibrarse. En no pocas ocasiones utilizamos el trabajo para anestesiar las emociones por miedo a enfrentarlas, creyendo erróneamente que si lo hacemos nos llegarán a dominar y arruinar nuestra vida.

 

 

La soledad y las  carencias afectivas en sí mismas ya generan muchas formas de ansiedad, angustia y depresión, pero además, para no sentirlas podemos llegar a querer llenarnos de todo tipo de cosas: comida, tabaco, alcohol, drogas, generando una importante cantidad de toxinas que, en casos prolongados e importantes, puede llegar a colapsar al organismo e intoxicar nuestro sistema nervioso desequilibrándolo.

La culpa. La culpa es un exceso de responsabilidad mal entendida. Genera una autoestima apenas existente, mucha ansiedad, angustia, tristeza y depresión y es la emoción más destructiva que podamos experimentar. Cuando nos sentimos culpables, la ira y rabia, e incluso el odio, se dirigen hacia nosotros mismos, entonces podemos generarnos cualquier cosa negativa, ya sean hechos físicos, relaciones o enfermedades.

 

¿Por donde empezar para no llegar a enfermar?

 

El primer paso es reconocerlas y aceptarlas para poco a poco ir sanándolas. Para ello tenemos una maravillosa ayuda en las Flores de Bach, que tratan todas y cada una de las heridas de nuestro corazón y las emociones en desequilibrio, especialmente cuando están integradas en la Psicoterapia integrativa.

 

 

Aunque las causas sean emocionales, nunca deberemos descuidar de atender también la parte física a la hora de restaurar el sistema nervioso, con una mejor alimentación y eliminando hábitos tóxicos, utilizando incluso también plantas medicinales, porque no son incompatibles con las Flores de Bach, como la Valeriana, Flor de azahar, Lavanda, Melissa, Pasiflora, Espino banco, etc. que, aunque trabajarán únicamente los síntomas, nos ayudarán a poder restablecer un cierto sosiego para afrontar las verdaderas causas.

Todo lo expuesto es solo una pequeñísima parte de todas la consecuencias de las emociones en desequilibrio, se necesitarían miles de páginas para describir todos los síntomas y enfermedades, pero lo más importante de todo siempre es enfocarse en las soluciones.

Siempre y cuando actuemos a nivel global, tratando los síntomas y las causas profundas y contemplando el triángulo mente-emociones-cuerpo físico, llegaremos a lograr el equilibrio duradero que tanto necesitamos en nuestras vidas.

Si lo necesitas puedes consultarme sin compromiso y te orientaré en lo que necesites.

Montserrat Chando
Psicoterapeuta
685.890.497. Barcelona

                                        Ver Psicoterapia Integrativa

 

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