Todo embarazo no deseado y más si se acaba interrumpiendo voluntariamente, supone un trauma más o menos intenso para cada mujer.

No son pocas las ocasiones que este hecho necesita una atención especial en un proceso de terapia y no siempre porque la persona lo tenga presente a nivel consciente, porque muchas veces no lo es. Al profundizar en ese inmenso espacio inconsciente aparecen sentimientos ambivalentes de culpa, que de una forma u otra se llevan arrastrando incluso durante años, a la vez que existe la firme convicción de que se hizo lo correcto ¡Gran dilema que nos hace batallar internamente!

“¿Cómo sería ahora si le hubiera permitido vivir”? “¿Por qué no fui más valiente y tiré adelante el embarazo”? “Siento mucha pena por haber abortado” “Siento mucho haberle hecho sufrir” “Qué habrá sido de él o ella”? Son pensamientos que golpean la mente y el corazón una y otra vez y a veces despiadadamente.

 

¿Cómo se vive desde el otro lado?

 

Un feto no es únicamente un pequeñísimo cuerpo humano por desarrollar, es también una conciencia, un alma que lo ha creado y que lo acompaña en cada paso y con un propósito muy concreto de vida. Y a veces, por sorprendente que pueda parecer,  el propósito es el que va a acabar sucediendo, que no llegue a desarrollarse porque para esa alma hay un aprendizaje en ello y debe realizarlo para poder volver a iniciar otra vida que sea mucho más duradera en el tiempo: nacer, desarrollarse, aprender y marcha nuevamente.

Y para ello necesita una mujer o familia que no lo quieran tener, porque también para ella o la familia hay aprendizajes en esa experiencia. Entonces, ¿dónde cabe el sentimiento de culpa…?

Lo mismo podemos decir cuando el aborto ha sido espontáneo, se que esa pérdida causa mucho dolor en los padres, pero el alma es libre y necesita elegir las circunsancias para llevar a cabo aprendizajes. Pero también lo hay para nosotros en todo ello, que el dolor no impida que nuestro corazón pueda hallarlo.

A todos los que habéis perdido un hijo durante su gestación, me gustaría deciros que a pesar de vuestro dolor lo dejéis marchar si no lo habéis hecho todavía, porque necesita seguir su camino. Recordad que fue su elección y que su amor y agradecimiento por vosotros por  haberle permitido vivir esa corta vida, siempre os mantendrá unidos.

 

Cuando el alma si que tiene un proyecto a largo plazo

 

Si es así, es posible comunicarnos con ella, de corazón a corazón, recordemos que el corazón es la residencia del alma y exponerle, desde todo el respeto y amor que nos sea posible, todas las razones por las cuales no podemos acogerla, asegurándole que es mejor que pueda encontrar otra familia que la pueda cuidar mejor y ofrecerle todo lo que necesita en su nuevo proyecto de vida, tanto a nivel físico como emocional.

¡Hay tantas personas que acuden a terapia para poder sanar ese rechazo que sintieron porque no fueron deseadas! Hay demasiada frustración, incluso ira, hacia ese hijo no deseado como para que se le pueda ofrecer un hogar amoroso y seguro.

Porqué ¿qué podemos ofrecer a un hijo cuando no lo deseamos? Quizás porque se es demasiado joven, quizás porque ya hay mucha carga con otros hijos, por problemas económicos, no tener pareja, por tener problemas dentro de ella, por ser fruto de una violación o por un miedo profundo a la maternidad o paternidad. Puede haber tantas causas como personas. ¿Y qué derecho tenemos para juzgar y menos culpar a nadie por ello?

 

El alma es grande y sabe comprender y elegir el mejor camino a partir de ahí. ¿No es mejor ofrecerle una mejor oportunidad de la que nosotros le podemos ofrecer?

Se necesita también toda la compasión hacia uno y una misma para comprender las causas, no siempre visibles, que nos llevaron a ello y poder así sanar esa culpa tan dañina que en realidad no nos lleva a ningún lugar positivo.

No cabe duda de que, seamos religiosos o no, las creencias o el inconsciente colectivo nos afectan a la hora de tomar esa decisión. Dejemos pues que sea nuestro corazón que decida lo que nosotros necesitamos y démonos cuenta y aceptemos nuestras limitaciones para no imponernos algo que en realidad no nos sentirnos capaces de llevar a cabo.

La responsabilidad de un hijo es demasiado grande para asumirla empujados por la culpa, porque al pasar el tiempo se convertirá en frustración y en culpar a quien menos responsabilidad tiene, el niño o la niña y no harán falta palabras, con nuestro sentir interno será suficiente.

Y si como almas necesitamos volver a encontrarnos, si en esta ocasión no ha sido posible, habrá otras en que si que podremos acogerla y ella volverá otra vez a nosotros para recorrer el camino juntos. Y a veces esto puede sucede en un más o menos corto periodo de tiempo.

Estamos a veces muy limitados dentro de nuestra concepción de cómo son las cosas y cómo no son, por eso está bien abrir un poco más las ventanas para poder ver el magnífico paisaje que se oculta tras ellas. Espero que este pequeño grano de arena pueda contribuir a ello.

Un abrazo a todos y a todas.

Montserrat Chando
Psicoterapeuta

 

                                                Ver Psicoterapia Integrativa

 

 

 

 

 

 

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